jueves, 15 de septiembre de 2016

Roberto de la Mota: Vendimia 2016 (Argentina)



El Maestro Roberto de la Mota: Describe la vendimia 2016, con conceptos claros y precisos .


Si debiéramos calificar la vendimia con una sola palabra,
sin dudas, esta sería sorprendente! Así es, pues luego de
condiciones climáticas extremas e inéditas para la zona, por
la lluvia y el frío, hemos obtenido vinos de buena calidad.
Buen color, aromas intensos de frutos frescos y florales,
buena acidez y frescura y alcoholes moderados caracterizan
a muchos de los vinos tintos del 2016. Condiciones que
seguramente nos permiten presagiar que serán vinos que
crecerán durante la crianza tanto en barricas como luego
en la botella. Esto último es cierto para aquellos vinos
elaborados con uvas de terruños de suelos de buen drenaje,
arenosos, limosos o pedregosos. Tal como en otras
vendimias lluviosas o de características similares, hemos
podido ver y mejor aún, poner en valor, la calidad de los
suelos que en años secos o normales, no se ve fácilmente.
Ya los pronósticos locales y también extranjeros
nos hablaban a fines del invierno de un fenómeno del
niño de magnitudes singulares por su envergadura. “The
Gotzilla Niño” titulaba el artículo aparecido en Septiembre
en Los Angeles Time. Dicho artículo hacía referencia a un
fenómeno de El Niño de características espectaculares
puesto que la temperatura del océano Pacífico era muy
superior a lo normal, incluso al mayor registro anterior que
era del año 1997/8.
Para aquellos que nos tocó vivir y vinificar en aquél año, el
presagio o pronóstico no era el mejor. Sin embargo los
resultados no fueron para nada los de aquella cosecha, sino
bien mejores y ahora trataremos de explicar las razones.

Una primavera lluviosa, pero muy fría.

Las bajas temperaturas de primavera provocaron un retraso
en la brotación de alrededor de 2 semanas. Las condiciones
siguieron de igual forma y la floración y cuaje se llevó a cabo
bajo las mismas condiciones y como resultado de ello se
produjo un corrimiento importante en la mayoría de los
viñedos. Esto se tradujo en una disminución importante en
la cantidad de racimos y el peso de los mismos, es decir una
merma en la producción que varió desde el 10 al 40% según
viñedos, variedades y zonas.
Las lluvias acumuladas para los meses de Septiembre,
Octubre y Noviembre en Altamira fueron de 324 mm; para
Perdriel en Luján de 268 y para Drummond de 246 mm.
Cabe aclarar que la lluvia promedio anual para toda la
región ronda los 200 mm.
Las lluvias de primavera provocaron daños de Peronóspora
o Mildiou, especialmente en los viñedos de uvas comunes
ubicados en la zona este de Mendoza, pero no afectaron
en gran medida a los viñedos de calidad ubicados en
las zonas más importantes. Ciertamente agrónomos y
viticultores en general trabajaron muy bien y en forma
preventiva. Así desde el riego cuidadoso y muy medido,
deshojes, raleos y tratamientos fitosanitarios fueron eficientes.

El verano continuó lluvioso y muy fresco.

Las lluvias continuaron durante los meses de verano
para toda la región. Así se registraron 290, 300 y 269 mm
para Altamira en el Valle de Uco, Perdriel y Drummond
respectivamente para los meses de Diciembre, Enero y
Febrero. Sólo el mes de Diciembre fue cálido y seco.
Obviamente en dichas condiciones la mayoría de los
viñedos dejaron de regarse a partir de Diciembre o Enero.
El proceso de madurez continuó con un retraso promedio
de dos semanas debido a las condiciones meteorológicas,
especialmente frescas.
Los meses de Marzo y Abril no manifestaron cambios. Las
lluvias de estos meses acumularon 112, 142 y 122 mm
más dando totales de 726 mm para Altamira desde
brotación hasta cosecha; 710 mm para Perdriel y 637 mm
para Drummond. Con estos registros, sin lugar a dudas,
hubiésemos dicho que la cosecha sería un desastre, pero sin
embargo no fue así. La explicación: las bajas o muy
moderadas temperaturas de casi todo el período que
impidieron el desarrollo normal de la Botrytis y de otras
enfermedades producidas por hongos.
El resultado:
Los vinos blancos son en general muy aromáticos, con
aromas frutados, frescos, florales. En boca los vinos frescos,
de muy buena acidez, largos y de alcoholes moderados.
Los tintos en general de muy buen color, aromas
intensos, frescos, frutos rojos, muchas especias, florales,
(especialmente violetas en Malbec) y en algunos casos
notas vegetales. En boca, vinos de cuerpo ligero a medio,
muy buena acidez, taninos bien presentes, largos pero
de poco graso o poco carnosos. Aquí también los alcoholes
son moderados a bajos. Según nuestra experiencia
estos vinos evolucionarán muy bien en la crianza tanto en
barrica como en botella. Salvando las diferencias de
producción esta vendimia me hizo recordar, para Mendel,
a los vinos de 2007.
Podríamos comentar que para la zona de Patagonia,
Neuquén fue un año de excelente sanidad, producción
media a baja y vinos de muy buen color, concentración,
graso y volumen. Para la zona de Cafayate la producción fue
acotada luego de cierto daño de helada tardía, pero de
vinos muy concentrados, potentes de muy buen color,
graso y volumen también. Cabe aclarar que en general en
los Valles Calchaquíes cuando se produce el fenómeno del
niño, las condiciones son opuestas a la zona de Mendoza, es
decir son años secos.







Fuente: Mendel Wines Mendoza Argentina.
Sommeliers y el Mundo del Vino... un estilo de vida...
2001/2016