domingo, 8 de septiembre de 2013

El albariño de Clemente Sequeiros a su padre, un "Angel" del Mundo del Vino.




La prestigiosa revista Decanter ha seleccionado entre los mejores blancos del mundo un albariño producido por Clemente Sequeiros, arquitecto de Vigo, en homenaje a su padre

«Los vinos españoles están empezando a comerle las papas a los franceses en calidad»
b. bergareche
 
Clemente Sequeiros en la Gala de los Premios Decanter este miércoles en Londres
 
 
A veces, el éxito va de Pontevedra a Londres pasando por Brasil. Es la historia de un albariño y del gallego de 93 años cuyo nombre figura desde esta semana en la lista de los mejores vinos blancos del mundo. Ángel Sequeiros es el menor de seis hijos de la Galicia rural. Las últimas levas de la Guerra Civil le obligaron a combatir como miembro de la quinta del 39. El drama de la posguerra y la falta de perspectiva le llevaron a emigrar a Brasil en 1948.
En doce años, le dio tiempo a volver a su tierra natal y comprar una finca. Sembró de todo. Apostó por el kiwi cuando estaba de moda, hasta que el kiwi italiano se llevó el mercado en los 80. Siempre plantaba vino. Para vender a granel, y un poco para levárselo a su propia mesa, y satisfacer su orgullo de agricultor.
«Era un vino digno para consumo en casa, con la tipicidad de lo rural pero sin la sofisticación necesaria para el mercado global actual», explica su hijo Clemente, nada más recoger el trofeo que sitúa su albariño Ángel Sequeiros Foudre 2010 como el mejor blanco mono-varietal del mundo según de la prestigiosa revista Decanter, una de las «biblias» de la industria del vino.
Clemente (Salvador de Bahía, Brasil, 1956), como sus hermanos, pudo estudiar. En 1973 entró en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (ETSAM) de Madrid, y prosperó como arquitecto en Vigo hasta que llegó la crisis y se esfumaron los promotores. A medida que disminuía el número de obras, su cabeza se iba fijando cada vez más en la producción de vino. Bajó la persiana y se lanzó en 2009 a producir 10.000 litros de albariño.

Un año en un fudre de roble francés

Embotelló solo 1.000. «El resto lo vendí, era un vino bueno pero como cualquier otro albariño, así que en 2010 decidí volver a empezar y diseñar un nuevo vino con un planteamiento un poco arquitectónico -qué quiero conseguir y qué materia prima tengo-, y con estos dos parámetros diseñé el proceso», explicaba a ABC este miércoles en la gala de premios de Decanter, en la Royal Ópera House de Covent Garden. El Ángel Sequeiros Lías 2010, premiado en Burdeos o Bruselas, no volverá a ver la luz.
Ha decidido quedarse con su producto estrella, un vino realizado con la misma uva pero que pasa un año adicional en un fudre de roble francés de 5.000 litros antes de volver otros doce meses al acero «para afinarse y estabilizarse». Previo a su salida al mercado, el Ángel Sequeiros Foudre 2010 pasa otros seis meses en botella en bodega. Un proceso orgánico y amoroso de 30 meses que ha realizado con la ayuda de Cayetano Otero, uno de los enólogos gallegos más laureados, y con un secreto: «un pequeño corte en verde en la uva para eliminar acideces innecesarias», confiesa.
«He hecho una carrera muy rápida para llegar a algo que sea diferente, de mucha calidad, y que pueda competir con los mejores Chardonnay franceses y con los Riesling alemanes», explica su autor. El albariño premiado competía con vinos italianos, franceses, austriacos, australianos o sudafricanos [puedes consultar aquí la lista de premiados]. Este mes embotellará la cosecha de 2011. Y aspira a duplicar la producción hasta los 10.000 litros en unos años. «En España tenemos que abandonar la producción de mega-cantidades de vino y hacer calidad», cree.

Crecer en NY, Londres, Suiza o Hong-Kong

«Sé que buscan el dinero rápido, y que el camino de la calidad es largo y probablemente doloroso, pero el premio al final será mejor», defiende. En los restaurantes españoles, el vino que ha dedicado a su padre cuesta entre 35 y 50 euros. Y sabe que, «para un albariño, es un precio caro, y no todo el mundo lo va a entender». Por eso, busca el «consumidor exigente» que tiene en mente en otros mercados.
Ya tiene distribuidor en Miami y Tokio, y espera conquistar pronto Londres y Nueva York. En Europa, sus prioridades para expandir su mercado son Suiza y Alemania, además del Reino Unido. En Asia, Singapur y Honk-Kong, además de Japón. Es optimista. «Los vinos españoles están empezando a comerle las papas en calidad a los franceses, y la gente se está dando cuenta», afirma.
En efecto, las bodegas españolas se juegan mercados como el británico en ese terreno: superar el paradigma de competir solo con precios bajos y lanzarse a la calidad. «Los franceses tienen una historia y un savoir faire, tienen algo sólido ya construido, mientras que a veces en España hemos deconstruido», advierte. «Recuerdo por ejemplo el Ribeiro, que por empezar a hacer milagros bautismales perdió su calidad y que intenta ahora con mucho esfuerzo recuperarla», explica.
Mirando a su tierra, siente «pena porque en Rias Baixas está pasando lo mismo, su vino tenía muy buena consideración pero ahora mismo está perdiendo prestigio por la presión para incrementar las cuotas de uvas por hectárea». En su finca de 7,4 hectáreas en Salvaterra do Miño, a 30 kilómetros de Vigo y muy cerca de Portugal, el premio más buscado es la calidad.
«En Rias Baixas han pasado de hacer 9.000 kilos de vino por hectárea a 13.000, es una barbaridad. Sabemos que, en Rioja o Ribera de Duero, los grandes vinos hacen rendimientos de 3.500-5.000 kilos por hectárea. Así no se puede obtener una buena uva, y sin una uva buena no se puede hacer un buen vino».Fuente abc.es